El blog de Sofío Madariago

Asociación de amigos de la vida y obra de Sofío Madariago, poeta injustamente olvidado

Poesía punzante

No escribo poesía para alabar a las florecillas,
pues tan ruidoso es el silencio resignado,
que no concibo palabras de color rosa sin espina.
Punzante es la poesía, grito nunca apagado,
arte para el pueblo, grabado en muros de indignación.
Es un juego sin reglas destinado a hacer trampas al dolor.

No hay más destino que el fugitivo futuro no escrito,
ni más pasado que el pesado olvido de la injusticia.
Sin paraguas chapoteo bajo la lluvia del compromiso.
Soy poeta con los pies en el suelo que acaricia,
pero no en los amarillentos charcos de orín apestoso,
aquellos que dejaron los perros guardianes del poderoso.

Cada verso, asonante, consonante, disonante o malsonante,
solo es palabrería, si no rima con el compromiso valiente.
Sin compromiso, poco más que una composición elegante.
Compromiso con la vida, con el amor, con la humilde gente,
con la razón, con el progreso, con la igualdad equitativa,
con la verdad, con la paz y con tus caricias esquivas.

Mi pluma no callará, y al viento vuelan cien poemas.
Gratuitos y caros, los prefiero a uno en la mano.
Cuervos en celo graznan, malditos, ante la luna llena,
que alumbra mi miedo febril al conformismo aletargado.
Mi pluma se alza en un cielo entintado con palabras fugaces.
Como un cazador apunto a ellas y despunto al alba mi boca,
cosida por las alas de la impaciencia de mis días rapaces.

Imposible que nos lo pongan fácil, si “Amén” decimos,
a negras sotanas que visten oscuramente la represión,
cuando en el miedo del pecador se sustenta el catecismo.
Si mis versos callaran ante esta Santa Inquisición,
me sentiría muerto antes de llegar al Santo Infierno.
No creo en madres virginales, pero sí en poesía incestuosa.
Hermanos, nos dan hostias y nos hacen comulgar su credo.

Imposible ser libres, si los sables se nos clavan en el alma,
mientras las banderas sirven para odiar al vecino ondeante.
Contra el desfile militar, palabras corretean indisciplinadas.
Contra los uniformes, el verbo aflora en un poema elegante.
No nos defienden, nos meten en sus guerras que nadie gana.
¿Medallas al valor? Prefiero el valor de una rima en la cama.

Imposible acabar con la pobreza, si gobierna el banquero.
Nos pagan con miseria estéril, nos roban el pan y la casa.
todo se compra y todo se arruina con el rico dinero,
con el que quieren embargar nuestra libertad siempre escasa.
Yo invierto mi palabra en una cuenta de poesía insolvente,
sin crédito, y deposito en la prosperidad mi interés creciente.

Sofío Madariago, 1947

No quiero SOPA

Sofío se autorretrató en este dibujo para ilustrar su poema "No quiero SOPA".

A la libertad, al viento fresco, a la ligereza de mi ser,
liviano en la brisa matutina, pesado descanso con gusto.
Dejadme en paz. No pretendáis entenderme. Yo no lo sé hacer.
Galopo, brinco, corro, río, lloro y meo detrás de un arbusto,
o delante, si ha de ser ante vuestros ojos y os salpico.
Libre soy, como un conejo; y esclavo soy, de tu conejito.

Ni soy un cabrito, ni soy un ángel, pero tengo las alas de éste,
y salto como ése libre entre las dudas y ligero de vergüenza ajena.
Feliz soy, desnudo ante el mar, aunque en mi culo la arena se mete,
puedo limpiarlo en un fresco océano salado, en las olas serenas,
y soltar pedos fétidos e impertinentes por mi locuaz boca,
que quisierais sellar con mierda perfumada de mentiras pastosas.

¿Queréis proteger mi libre albedrío? ¿Veláis por nuestras almas?
No me hagáis reír, vocingleros del silencio, siervos de la obscenidad.
Tras los limpios y blancos guantes, vuestras sucias y negras garras.
Al servicio del poderoso vivís y él ansía sepultar la voz de la verdad.

No defendéis ni a autores, ni derechos, ni verdades, ni pueblo llano,
verdugos mal pagados, deudores de sangre inocente a vuestro amo.

Atacáis nuestros derechos, nos convertís en criminales sin razón,
vosotros, carceleros mercenarios, vigilantes de mirada impía.
Fiel a mi infidelidad, yo clamo al adulterio contra la opresión.
pongámosles cuernos a esos cabrones, acostémonos con la osadía.
Levantémonos juntos, quitémonos la pesada manta del miedo,
porque a los pies de nuestra alcoba, aullan lobos hambrientos.

La censura en la red marcó las cartas del menú  injusto y legal.
Escupamos ese veneno líquido y caliente que nos han cocinado.
A sonrisa complaciente, empacho agrio, eructo sordo y diarrea letal.
Angustioso es tener que tragar sus heces como manjar refinado.
No quiero ese caldo, no me instruyáis en el arte de la nutrición,
pues ya sé que vuestros brebajes dan gases, y la SOPA ¡indigestión!

Sofío Madariago, 1941

Las palabras de Sofío Madariago son vigentes aún en nuestros días. Para aquell@s que no sepáis que es la ley SOPA, os aconsejamos ver este vídeo:

Las arboledas del orgullo

Dibujo realizado por Sofío para ilustrar este poema.

 

Camino por las calles, viejas, secas,
húmedas, de mi Almería natal, con los pies deshechos,
sin saber, sin pensar, quizás.
Ya no sé donde está mi borriquillo.

Lo busco entre las verdes praderas de los montes,
montes que antaño eran piedras en un camino sin salida;
porque no hay otro camino que el que está entre los árboles.
Comiendo caracoles, entre las flores, anduvo, saltó, brincó;
desafiante, audaz y alegre mi borriquillo.

Hoy, mi España se tiñe de azul, de mojigatería, de falsos santurrones.
Sin piedad, no hay pan ni turrones. Ni moralinas infantiles pueriles
entre las alcobas descastadas de viejos matorrales.

Sofío Madariago, 1943

Ingrato gato

Dibujo realizado por Sofío Madariago en 1943, para ilustrar este poema de 1928

INGRATO GATO


Ingrato gato, gato ingrato

Pelo erizado, el de mi cabeza marchita

Lluvia de orín en mi puerta cerrada

Abiertos los brazos a la desesperanza florecida

 

Ingrato gato, gato ingrato

Rascas vehemente las pulgas de mi corazón,

me arañas la ilusión, te comes mi sardina

Pardo en la noche, maúllas a la luna gris

 

Ingrato gato, gato ingrato

acomodado sobre mi almohada cálida

Siete por dos, catorce gotas de sudor gélido

Una vida te di y otra más, todo lo que tenía

 

Ingrato gato, grato ingrato

Un día mi cola se agitó en tu gatito negro

Aquel suculento aroma a pescado me atrajo,

Y me convertí en indefenso juguete en tus zarpas

 

Ingrato gato, gato ingrato

cazaste a un ratón, ya no tengo escapatoria

Con queso me la dieron tus ronroneos

Fugitivo tramposo, huyes sigiloso de mi desdicha

 

Ingrato gato, gato ingrato

¿Por qué vienes, felino gris, en mi busca?

El desdén es tu moneda; el odio, tu lúgubre recibo;

y tu ingratitud, el olvido que prende fuego a mi dolor

 

Sofío Madariago. 1928.

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